miércoles, 18 de enero de 2012

Volveré a ser yo


A mí me gustaba viajar, ahora ya no sé si me gusta o si es una costumbre decir que me gusta. Siempre he sido buena estudiando. Un sobresaliente por aquí, un “qué bien se te da esto por allá”... ¿y qué? Perdí a mi padre cuando tenía 23 añitos, y yo que pensaba que era mayorcita, que me había dado tiempo a aprender muchas cosas de él. Cuánto me hubiera enseñado en estos 6 años. Cuántas cosas me hubiera dicho.
No quiero contar cosas tristes pero es triste saber que se fue sin verme conseguir mi trabajo de profesora o sin verme coger el coche en ciudad y en carretera sin pensármelo dos veces y sin pensar, "qué miedo me da conducir!" No estuvo conmigo cuando me compré el que hasta ahora ha sido mi primer "coche nuevo", ni me vio ir a mi primer día de trabajo, ni muchas otras cosas que se perdió. Teníamos una conexión muy especial, era igual que yo. Soy más débil desde que él no está, me falta ese apoyo duro. Él se reía de la vida, podía con todo, luchaba contra todo y normalmente ganaba… normalmente.
Por eso cuando él apareció en mi vida creí que mi padre me lo había mandado. Cómo duele y cómo cuesta convencerme ahora de que no era así. No me lo mandó él y nunca debería haberlo pensado. Tal vez por eso pensé que era más especial, tal vez por eso le quería así. O a lo mejor le quería así porque le quería. Y como todo el mundo me dice ahora: “Así ganas experiencia.” Pero yo me pregunto, ¿para qué quiero más experiencia? ¿Es que tengo que estar aprendiendo a base de palos hasta el día que me muera?
Después te pones a pensar que era él, que era “mi él” y te deprimes. Al menos ahora ya no me paso las 24horas del día pensando sobre el tema. Cuando se acaba duele mucho, sobre todo porque después de una pelea gorda, después de decir muchas cosas te lo replanteas y te das cuenta de que lo echas de menos, de que la vida no es igual sin él y que los problemas no lo eran tanto. Sí que era difícil últimamente pero, ¿y si lo intentamos otra vez y funciona? El problema es que él ya había cambiado de opinión y se había dado cuenta de que a él no le merecía la pena. Cómo duele. Yo tomé la decisión y apenas unos días después se dio cuenta de que era lo mejor y cortó todo contacto conmigo.
“¡No es normal!” Eso es lo que me dice todo el mundo. No es normal la actitud que tomó. Yo prefiero ni pensarlo porque me vuelvo loca. Me consuela pensar, cuando puedo, que no era para mí y que una persona que no lucha por ti no se merece que sufras por ella. Porque tampoco era tanta lucha. Todas las parejas tienen peleas, momentos bajos, pero si me quieres me quieres, el problema es que no me quieras. Cómo duele.
Casi cuatro meses ya. He leído eso que dicen de las fases de la ruptura pero no me sitúo en ninguna de ellas. Sé que no estoy en la negación porque ya he aceptado que no va a volver. Me lo dejó bastante clara la única vez que lo he visto después de aquel día. Me dejó con la palabra en la boca y se dio media vuelta. ¿Y dónde está ese sol del que me enamoré? ¿Por qué eres así conmigo? ¿Dónde se han ido todas esas palabras que nos dijimos? ¿Cómo te ha sido tan fácil olvidarme, olvidar que he dormido a tu lado muchas noches, que has visto mi cara por la mañana antes de irte a trabajar? ¿Cómo te has convencido a ti mismo de que no funcionamos? ¿Por qué yo he vuelto a pensar que funcionaría y tú no? Merecíamos intentarlo otra vez. Pues eso… cómo duele.
Por lo menos veo la luz, la luz vuelve. Él no me quería suficiente, dejó que nos muriéramos. Ya no espero que vuelva, sé que no va a hacerlo. Quiero dejar de sufrir y hacer mi vida, aunque todavía me cueste. No quiero volver a verlo porque duele. Le deseo que sea feliz, pero también quiero ser feliz yo. No te cruces en mi camino por favor, que me duele y a ti no.
Me gustaba viajar y volverá a gustarme. Ahora cada día veo más que volveré a ser yo. Y he vuelto a disfrutar de méritos académicos esta misma semana, esa soy yo. Valemos mucho, aunque nadie nos lo diga. Cada uno con lo nuestro. Esta noche he soñado con mi padre, no ha sido un sueño agradable pero me agrada volver a verle. Sea como sea le echo de menos. Él sí que era el hombre de mi vida y fue un fallo pensar que alguien podría hacerle sombra.

Siento que esta primera entrada haya sido tan tristona pero así es como me siento hoy. De todas formas estoy mejor y mis entradas irán siendo más alegres, lo prometo. Vuelvo a ver un rayito de sol y eso es esperanza y fuerza. Además hay gente que se preocupa por mí y que me hace reír. Hoy vamos a quedar a cenar todos. Lo sé, estaré bien aunque sea sola. Yo antes era feliz, he vivido muchos años sin él. Y como le dije a él: “Si vivo sin mi padre, no dudes ni un minuto, viviré sin ti.”

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