martes, 11 de diciembre de 2012

That house was never HOME...

Spanish first this time...

Buenas tardes de martes. Hoy venía conduciendo de vuelta del trabajo y, de repente, he recordado cómo me sentía mientras vivía en aquella casa. Supongo que fue un error plantearme siquiera irme a vivir con esa persona, a partir de ahí todo cambió. Pero no es de la decisión de la convivencia de lo que quiero escribir hoy. Como iba diciendo, mientras venía en el coche he recordado aquella sensación. Yo quería formar un hogar, que no es lo mismo que montar una casa. Quería sentir que aquel sitio era donde yo deseaba llegar al final del día, quería sentir que las cosas estaban como yo quería que estuvieran (no me refiero a lujos ni a caprichos, me refiero a cosas que pudieran conseguirse sin dinero), por ejempli, que tuviéramos un cuarto donde poner mi ordenador de mesa, el que pensaba llevarme y que nunca me llevé. Antes de mudarnos pensaba que me sentiría en casa. Pero nunca fue así.

No voy a echarle las culpas a nadie porque en una pareja cada uno aporta lo suyo, lo bueno y lo malo, las dos partes aportan positivo y negativo, eso es inevitable. Creo que el malestar se contagia, al igual que se contagia la alegría y la emoción o el interés.

Mi idea de casa era y es la siguiente (no digo será porque Dios sabe qué pensaré mañana):
1. un lugar al que deseo llegar cuanto antes cuando estoy cansada
2. el lugar donde me siento bien
3. el sitio donde están mis cosas
4. el sitio donde están las personas que quiero y a las que quiero ver
5. el lugar donde celebro las cosas que me pasan en la vida.
6. el lugar donde vaguear los sábados
7. el lugar que poner a tu gusto y donde quieres estar más y más tiempo

A fin de cuentas, un hogar es un hogar y no un sitio donde dejar lo que tienes hasta que llegue el sitio de marcharse. No sé si aquella persona con la que decidí formar un hogar tenía otro concepto de hogar o si es que pasaba de formarlo todavía o si pasaba de formarlo conmigo. No lo sé. Pero aquella casa nunca fue un hogar. Lo sentí así durante un par de meses pero me cansé de luchar contra la marea. Y lo que es peor es que me contagié de su forma de pensar, del desinterés y la dejadez. De las ganas de que llegara un sábado para sentir que aquello era penoso, de sentir el aburrimiento, de no tener nada que hacer. De las ganas de irnos de allí. De la costumbre de llegar y no poner las flores en su sitio, de olvidarnos de regar las plantas o de sentir que aquello era una pérdida de tiempo. De pensar que para qué esforzarme si a nadie le importa. De las ganas y las ganas de nada.

Esa fue mi sensación durante el escaso año que compartimos aquella casa que no era un hogar.

Sobre lo de escribir en inglés....... ahora no me apetece, estoy pesativa. Maybe later!

Quiero volver a ser yo y lo conseguiré.

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