martes, 8 de enero de 2013

Viaje de Navidad día 3

Resulta que se han acabado las vacaciones. Las he disfrutado al máximo, como quería hacer, y he vivido el momento. Todo esto puede sonar a chorrada para alguien a quien la vida no ha dado un revés. Todo eso de vive el presente, no vivas del pasado y no pienses en el futuro puede sonar a "chuminada" para alguien a quien las cosas van y han ido medianamente bien; para mí... es muy importante. A lo que iba, que mis vacaciones se habrán acabado dentro de una hora y treinta minutos exactamente. Ha merecido la pena, han sido excelentes y aquí va el relato de mi tercer día a bordo, llegamos a Cerdeña.

¿Quién me iba a decir a mí que iba a ir a Cerdeña? No tenía ni el más mínimo interés en visitar esta isla. ¿Qué puede haber en Cerdeña? Además, dónde coño está situada Cerdeña? ¿Y yo qué sé? Bueno, pues resulta que está ahí, en medio del mediterráneo, en todo el medio. El barco llegó al puerto de la capital y también pusieron autobuses locales gratuítos para llevarnos hasta la ciudad. Sí, gratuítos (esta palabra todavía existe). La capital de Cerdeña tiene su encanto. No es que haya muchísimo que ver, pero es bonita. Me gustó perderme por sus calles y contemplar las ropas tendidas, la gente saliendo y entrando de los portales mirando a los miles de cruceristas que invadíamos la ciudad ese día. Me gustó caminar y caminar hasta el anfiteatro, la catedral y un parque municipal perdido.

Recuerdo a una pareja gay de Puerto Rico que me preguntó cómo puedo vivir en España, con lo carísimo que es todo. "Con lo que me cuesta 4€ en Barcelona vivo una semana en Puerto Rico". ¿También le ha costado 4€ el crucero, el viaje hasta Europa y el alojamiento? ¿Por qué nos gusta tanto quejarnos?

Era 26 de diciembre y no llegué a saber muy bien cuál era la razón para que todo volviera a estar cerrado ese día. No había problemas a la hora de comer, solíamos sacar comida del desayuno para almorzar fuera durante las excursiones. Y mientras yo pensaba lo "española" que era haciendo eso, descubrí que no era la única que comía "typical food from the ship", todo el mundo lo hacía.

De vuelta al barco, una vez más reventada, pasamos la tarde tomando café, durmiendo la siesta, arreglándonos para la cena (esa noche fue noche de gala) y a dormir. Creo recordar que esa fue la noche que no pegué ni ojo porque el barco se convirtió en un tiovivo por el viendo que hacía.
No exagero, pude balancearme en la cama como cuando estaba en la cuna. Muy "emocionante" todo. ¡Qué miedo por dios!

 Al día siguiente llegaríamos a otra isla, Sicilia.


Quiero volver a ser yo y lo conseguiré.

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